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- Hay dos o tres cosas que nunca me has pedido y lo lamento. Habría sido capaz.
- ¿Qué cosas?
- Comer hormigas, insultar a los parados que salen del Inem... amarte como loco.


No os preocupéis por el futuro. O preocupaos si queréis, pero sabiendo que eso ayuda lo mismo que masticar un chicle para resolver una ecuación matemática. Los verdaderos problemas de la vida seguramente serán cosas que ni se te habían pasado por la cabeza, de esas que te cogen por sorpresa a las cuatro de la tarde de un martes cualquiera.

Nos reímos. Y seguimos riéndonos así. Hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil: lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás lcoco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco de lo mismo...
Me gustan las personas que me hacen reir, y la sinceridad. Odio los días de lluvia, aunque me gusta cuando llueve y huele a cemento mojado, adoro el sol, y el verano, andar descalza por la playa y sentir el contraste de la arena caliente con las olas del mar, odio los sabelotodos y la prepotencia, la gente que se cree superior. Me gusta hacer mezclas entre comidas, y cocinar bizcochos, adoro comer chocolate, e ignorar sus calorías. Me gusta comportarme como una niña, y que entren en mi juego. Me gusta la sencillez, y que me entiendan con una mirada, me gusta hablar, pero las cosas importantes prefiero expresarlas con pocas palabras, puedo llegar a ser pesada, e incluso cargante, pero me gusta que sepan soportarme. Odio que me vean llorar, excepto si se trata de mi almohada, odio la pregunta ¿ estás bien? cuando saben que no lo estas. Soy perezosa, pero me aburre no hacer nada. Odio la gente que dice te quiero y no te lo demuestra, que sonrie, pero piensa que eres gilipollas.
Si alguien a quien quieres, da igual quien sea, un amigo, un familiar, tu pareja o simplemente alguien especial, te ha dejado alguna vez ya sabrás lo que se siente.
Sabrás que es un dolor difícil de curar, que muchas veces no lo consigues y sencillamente aprendes a vivir con él.
Sabrás lo que es pasarse días tumbado en la cama llorando y aferrándote a los recuerdos y pidiendo a Dios que por favor no desaparezcan, que no te quite lo poco que te queda de esa persona. Aunque a veces recordar duela, no puedes evitar que te encante ese sabor dulce y a la vez amargo que éstos te dejan.
Un recuerdo es más que un simple recuerdo, es revivir los momentos que compartiste con esa persona y sentir de nuevo cada beso, cada caricia, el cosquilleo en tu estómago cuando te mira y te sonríe; y es entonces cuando aprecias cada pequeño detalle que en su momento dejaste pasar sin darte cuenta. Y quieres volver atrás y decirle a esa persona lo mucho que te gusta su cara al dormir, la sensación tan bonita que te produce cuando te mira fijamente recorriendo y analizando cada centímetro de tu cara, como si estuviera memorizando cada uno de tus lunares, cada una de tus pestañas o la forma de la comisura de tus labios cuando no puedes evitar que se escape una sonrisa al saber que te está mirando, la comisura de los labios que esconden los miles de besos que no te atreviste a darle y hoy se lamentan por no haberlo hecho.
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Y aunque me pierda antes de salir,mirando el lado bueno, tengo el defecto de sonreír, sólo por no estar muerto. No hay mas razón que un corazón siempre loco por vivir, voy jugando mi baraja y nunca se la carta que me va a salir, pero por suerte o por desgracia, cuando me haces falta siempre estás ahí.

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Con el tiempo aprendes la sutil diferencia entre tomar una mano y encadenar un alma; aprendes que amar no es apoyarse en alguien y compañía no siempre significa seguridad. Y empiezas a aprender que los besos no son contratos ni los regalos, promesas, y empiezas a aceptar tus derrotas con la frente alta y la mirada al frente, con la gracia de una mujer; no con el dolor de una criatura.

Y aprendes a constituir todos tus caminos en el presente, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes y los futuros tienden a caerse en mitad de vuelo. Con el tiempo aprendes que hasta la luz del sol quema si te expones demasiado a ella. Entonces siembras tu propio jardín y decoras tu alma en lugar de esperar que alguien te traiga flores. Y aprendes que en realidad puedes resistir, que eres fuerte de verdad, que vales de verdad; y aprendes, y aprendes...




Yo nací para ti y tú también para mí.

Y ahora sé que morir es tratar de vivir sin tu amor...