Hay momentos en la vida en el que un hombre razonable debe admitir que ha cometido un error terrible... ¡La verdad es que yo nunca fui un hombre razonable!

La vida no es como el teatro, que puedes ensayar las veces que quieras, hasta que te salga bien. Tienes que arriesgarte. Y cuando lo consigas, no esperes que te aplaudan y se baje el telón.
El amor más hermoso es un cálculo equivocado, una excepción que confirma la regla, aquello para lo que siempre habías utilizado la palabra "nunca" ¿Qué tengo que ver yo con tu pasado? soy una variable enloquecida de tu vida... Pero no voy a convencerte de ello, porque el amor no es sabiduria, es locura.
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Mal de amores. No se cura fácilmente. No existen medicinas. Ni remedios. No se sabe cuando pasará. Ni siquiera se sabe cuánto duele. Sólo el tiempo lo cura. Mucho tiempo. Porque cuanto mayor ha sido la grandeza de un amor, tanto más largo resulta el sufrimiento cuando este se acaba.
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- Hay dos o tres cosas que nunca me has pedido y lo lamento. Habría sido capaz.
- ¿Qué cosas?
- Comer hormigas, insultar a los parados que salen del Inem... amarte como loco.


No os preocupéis por el futuro. O preocupaos si queréis, pero sabiendo que eso ayuda lo mismo que masticar un chicle para resolver una ecuación matemática. Los verdaderos problemas de la vida seguramente serán cosas que ni se te habían pasado por la cabeza, de esas que te cogen por sorpresa a las cuatro de la tarde de un martes cualquiera.

Nos reímos. Y seguimos riéndonos así. Hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil: lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás lcoco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco de lo mismo...
Me gustan las personas que me hacen reir, y la sinceridad. Odio los días de lluvia, aunque me gusta cuando llueve y huele a cemento mojado, adoro el sol, y el verano, andar descalza por la playa y sentir el contraste de la arena caliente con las olas del mar, odio los sabelotodos y la prepotencia, la gente que se cree superior. Me gusta hacer mezclas entre comidas, y cocinar bizcochos, adoro comer chocolate, e ignorar sus calorías. Me gusta comportarme como una niña, y que entren en mi juego. Me gusta la sencillez, y que me entiendan con una mirada, me gusta hablar, pero las cosas importantes prefiero expresarlas con pocas palabras, puedo llegar a ser pesada, e incluso cargante, pero me gusta que sepan soportarme. Odio que me vean llorar, excepto si se trata de mi almohada, odio la pregunta ¿ estás bien? cuando saben que no lo estas. Soy perezosa, pero me aburre no hacer nada. Odio la gente que dice te quiero y no te lo demuestra, que sonrie, pero piensa que eres gilipollas.