Si es cuestión de confesar no sé preparar café y no entiendo de fútbol. Creo que alguna vez fuí infiel. juego mal hasta el parqués y jamás uso reloj. Y para ser más franca, nadie piensa en tí como lo hago yo, aunque te de lo mismo. Si es cuestión de confesar nunca duermo antes de diez ni me baño los domingos. La verdad es que también lloro una vez al mes, sobre todo cuando hay frío. Conmigo nada es fácil, ya debes saber me conoces bien. Sin tí todo es tan aburrido...
Y cada día que pasa es uno más parecido a ayer. No encuentro forma alguna de olvidarte porque... seguir amándote, es inevitable. Siempre supe que es mejor cuando hay que hablar de dos empezar por uno mismo.

Hay momentos en la vida en el que un hombre razonable debe admitir que ha cometido un error terrible... ¡La verdad es que yo nunca fui un hombre razonable!

La vida no es como el teatro, que puedes ensayar las veces que quieras, hasta que te salga bien. Tienes que arriesgarte. Y cuando lo consigas, no esperes que te aplaudan y se baje el telón.
El amor más hermoso es un cálculo equivocado, una excepción que confirma la regla, aquello para lo que siempre habías utilizado la palabra "nunca" ¿Qué tengo que ver yo con tu pasado? soy una variable enloquecida de tu vida... Pero no voy a convencerte de ello, porque el amor no es sabiduria, es locura.
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Mal de amores. No se cura fácilmente. No existen medicinas. Ni remedios. No se sabe cuando pasará. Ni siquiera se sabe cuánto duele. Sólo el tiempo lo cura. Mucho tiempo. Porque cuanto mayor ha sido la grandeza de un amor, tanto más largo resulta el sufrimiento cuando este se acaba.
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- Hay dos o tres cosas que nunca me has pedido y lo lamento. Habría sido capaz.
- ¿Qué cosas?
- Comer hormigas, insultar a los parados que salen del Inem... amarte como loco.


No os preocupéis por el futuro. O preocupaos si queréis, pero sabiendo que eso ayuda lo mismo que masticar un chicle para resolver una ecuación matemática. Los verdaderos problemas de la vida seguramente serán cosas que ni se te habían pasado por la cabeza, de esas que te cogen por sorpresa a las cuatro de la tarde de un martes cualquiera.

Nos reímos. Y seguimos riéndonos así. Hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil: lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás lcoco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco de lo mismo...